Vivencias | Me quedé encerrada en una isla griega y así fue como maté el aburrimiento

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Reddit o Quora se llenan de consejos para sobrevivir en una isla desierta, mientras que nadie te cuenta qué hacer cuando no se trata de sobrevivir, sino de esperar. Eso lo tienes que descubrir tú solito/a a fuerza de paciencia. Pero oye, todo se puede.

Hoy quiero contarte una historia personal, en su momento una pu**da, hoy una anécdota, que viví hace ya unos años en el otro extremo de Europa.

Enamorada de Turquía como aún estoy, tenía una amiga haciendo su erasmus en Esmirna (Izmir), en la costa occidental del país. Yo había visitado la ciudad, junto a muchos otros puntos de esa parte del país, el verano anterior, y me había quedado prendada; tanto, que no quise desaprovechar la oportunidad y organicé un viaje para ir a visitarla.

Como ambas conocíamos bien Esmirna, investigamos otras cosas para ver o hacer en los alrededores, y nuestra sed de viajar nos animó a decantarnos por Quíos (o Chios), una pequeña isla griega del mar Egeo muy cercana a la costa turca. Decenas de ferrys cubren la ruta Çesme-Chios cada día para conectar ambas culturas, algo que nosotras también quisimos hacer.

Planificamos la ruta saliendo un viernes por la mañana. Íbamos a quedarnos 3 noches, por lo que alquilamos un apartamento precioso a pie de playa, en Spiti Anatoli, para sentirnos un poco como en Mamma Mía. Y así fue; un porche donde escuchar las olas, paseos en pijama por la playa desierta después de desayunar, y el Mediterráneo más puro ante nosotras.

El primer y segundo día de descubrimiento fueron increíbles: excursiones, comida nueva, paseos junto al mar, ouzo, conversaciones con locales… ¡Chios nos encantó!

Pasamos una mañana entera en la playa haciendo el tonto, sacando fotos, cantando canciones, adentrándonos en hoteles abandonados… Hicimos una excursión al pueblo pintado Pyrgi, paramos a conocer la cerámica de la isla, subimos hasta la famosa roca de Homero, paseamos por Daskalopetra, comimos mirando al mar en el puerto de Mesta, vimos un barco enclavado en el cemento, saludamos a muchos gatos…

Bebimos mucho café frappé, otra poquita de Ouzo -ambos típicos del país-, y fuimos probando platos locales. También vimos a muchas mujeres trabajando la masilla (o mástique o almáciga), el material estrella de Quíos, y charlamos con un grupo de chicos griegos que hacían el servicio militar obligatorio en la isla.

El domingo por la tarde, el día previo a la vuelta a Turquía, empezamos a escuchar los rumores al tiempo que veíamos como el mar se iba enfadando poco a poco. Junto al paseo marítimo, el muro se llenó de barcos de distintos tamaños amarrados, y tal y como preveíamos, la confirmación llegó en la taquilla al día siguiente: ningún ferry saldría a Çesme hasta nuevo aviso. Wow!

Así fue como me quedé encerrada en una isla griega.

Los viajes parecen ideales hasta que surgen imprevistos. Y este, que no era grave, pero sí inesperado, truncó la experiencia al 100%.

Ya habíamos visitado Pyrgi, Mesta, Daskalopetra, y el pueblo de Quíos. Quedaban muchas cosas que ver en la isla, pero imagínate el clima para que no saliesen los ferrys. Además, no teníamos carné de conducir por ese entonces, por lo que poco podíamos hacer…

Así que hubo que echarle imaginación. El apartamento que era para 3 noches (y que solo nos podíamos permitir ese número de noches), se sustituyó por una pensión básica, basiquísima, en el centro de la ciudad, pagada en efectivo día a día, porque no sabíamos si esta aventura iba a durar 1 día o 10.

Finalmente, estuvimos en Chíos 7 días (6 noches).

Lo bueno es que nos teníamos la una a la otra; de haber estado sola, hubiese sido muchíiiiisimo más aburrido. Otro punto positivo es que G me había enseñado a jugar a la tabla un par de días antes, así que en esa semana en Quíos me volví toda una experta. De verdad, experta nivel top.

Los cuatro días que pasamos en la isla obligadas tuvimos que buscarnos la vida para que las horas pasasen menos lentas, y diría que lo conseguimos. Y como nunca sabes cuándo te puede pasar algo así (mira a los que se quedaron atrapados en Maldivas en plena pandemia de la COVID-19), hay algunas cosas que puedes tener en cuenta al planificar cualquier viaje.

Para mí, una de las cosas esenciales en este «encierro» en Quíos fue contar con una tablet y los dos móviles. Vas a ver muchas series, hacer mucho scroll en instagram y leer muchas noticias; especialmente, vas a comprobar el tiempo 800 veces al día, aunque siempre te diga lo mismo.

En este sentido, -¡importante!-, querrás tener una conexión a internet que no de problemas. Racanear WiFi unas horas vale, pero cuando necesitas estar 4 días enchufado a internet, asegúrate bien de coger un hotel con buena cobertura WiFi y sobre todo, lleva una eSIM con datos ilimitados que puedas ir alargando en caso necesario y que te dará libertad para disfrutar de contenido multimedia, redes sociales o videollamadas con la familia (querrás hablar hasta con las paredes) sin preocuparte de si te va a salir el encierro por un ojo de la cara.

Obviamente, esto te vendrá bien tanto si te quedas encerrado/a en una isla (que espero que no), como si simplemente estás de viaje descubriendo cualquier isla mediterránea maravillosa, por tu bien, con sol y calorcito.

Cuando a mí me pasó esto, aún no existían las eSIM, pero ahora no dudaría en sacar una con Holafly, que además de tener sus planes con datos ilimitados, es súper fácil de instalar estés donde estés. Solo por ir desde mi blog, tienes un 5% de descuento en todos los planes con el código OFALLPLACES o entrando directamente a este enlace.

Otro de los salvavidas fueron los juegos de mesa. Nosotras fichamos una cafetería que tenía algunos en el local, y menos mal. Desde entonces, siempre llevo en mi mochila una baraja y algún otro juego en formato mini: parchís, oca, trivial, virus o similar.

Aplicable también para viajes largos en transporte público, tardes de relax en la playa o, en el peor de los casos, para imprevistos como este, los juegos de mesa pueden convertirse en tus mejores aliados.

Escribir en un diario, journal o libretilla de toda la vida también es un must. Y es que, aparte de querer contar lo que te pase (y tener el recuerdo de por vida), esta actividad se come las horas de una manera increíble, y si te gusta escribir, es la cuenta para disfrutarlo. También puedes hacer sketching o collages (Pinterest te puede inspirar mucho).

Y en cualquier momento, pero aún más si el mar esta bravo, el cielo encapotado y cae sobre ti la tormenta del año, qué mejor que fotografiar o documentar tu historieta con una buena cámara. Hay tiempo para todo y los paseos con este fin pueden aportar una visión muy diferente a la que se tiene como turista (los 3 días oficiales de viaje) que es interesante ver y enseñar.

Y este es algo menos importante, pero ya sea en pleno Valle del Cocora de Colombia, en la temporada de lluvias de Tailandia o en una isla perdida de Grecia, nunca sabes cuándo puede hacerte falta un poncho para la lluvia.

Yo, cansada de parecer una guiri en el Tutuki Splash de PortAventura, preferí hace ya tiempo, hacerme con un poncho de calidad, robusto pero ligero, que me acompaña siempre que viajo sin parecer una bombilla colorida (que, además, siendo sinceros, si hace viento, esos plastiquillos finos no sirven pa’ ná).

Otra de las cosas que me parecen esenciales, aunque a mí, afortunadamente, no me hizo falta al quedarme en casa de mi amiga en Esmirna, es un buen seguro de viajes con el que poder estar tranquilo/a. Aunque no haya accidentes de por medio, es importante tener cobertura por pérdida de servicios, de transportes y de actividades que puedas tener reservadas en caso de que te pase algo como esto.

Por ejemplo, Intermundial incluye en su póliza totaltravel una compensación tanto por gastos que tienen que ver con la demora en la salida del medio de transporte como con la extesión de viaje obligada por causas ajenas al viajero/a, como causas meteorológicas, averías, conflictos sociales, etc. ¡Y te sale a un precio ideal con mi código OFALLPLACES!


En la actualidad, hay hasta empresas que organizan travesías a islas desiertas (sí, de verdad, he flipado) para que algunos valientes puedan desconectar de la civilización (¿quién dijo Willson?), poner a prueba sus capacidades, y sentir en su propia piel lo que supone ser un náufrago. Aunque está muy, muy, alejado de mi experiencia, y muy cerca de un Supervivientes.

Teniendo en cuenta que desde 2017, Quíos es una de las islas que mayor número de refugiados recibe en el mar Egeo, esta experiencia suena a poco trascendente, y estoy de acuerdo, lo es. Pero también muestra lo que puede pasar cuando viajas, donde pensamos que todo siempre va a salir bien y, ya ves, nada más lejos de la realidad. Hay imprevistos, hay viajes con itinerarios planificados al detalle que hay que tirar a la basura, y hay destinos que no se disfrutan.

Tan real como la vida misma.

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